
| Participa en nuestro foro | |
| Síguenos en Facebook | |
| Síguenos en Twitter | |
| Suscríbete a nuestros canales RSS |
Los bajos niveles de alfabetización sanitaria han sido relacionados de modo sistemático por parte de las investigaciones desarrolladas hasta el presente con una inadecuada comunicación entre médico y paciente. Esta misma falta de adaptación comunicativa del profesional médico y sanitario a las necesidades del paciente y al usuario –necesidades educativas, lingüísticas, culturales, idiomáticas, de género, edad, etc.- incide en un incremento del número de ingresos hospitalarios, en un peor control de las enfermedades (especialmente las enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, el asma, el Sida/HIV…), en un menor número de revisiones (ej: revisión ginecológica, dental, cribados…) y en un aumento del índice de morbilidad (enfermedades asociadas) y de mortalidad.
El papel de los profesionales es fundamental a la hora de poder centrar la información sanitaria en el paciente y de asegurar la calidad, seguridad y coste-efectividad de la responsabilidad del uso de los servicios y las prestaciones sanitarias.
La alfabetización sanitaria no es una cuestión individual sino social en la que los profesionales ostentan un papel privilegiado en la transmisión del conocimiento y en la guía y el soporte de los pacientes y usuarios en la puesta en práctica y cumplimiento de las recomendaciones establecidas.
De hecho, la alfabetización en salud se basa en la interacción entre las competencias y habilidades individuales de las personas (pacientes y usuarios) y el nivel de adaptación del propio sistema sanitario y social a las necesidades y los requisitos de alfabetización de la población. Por todo ello, los estudios demuestran que cuanto mejor formado se halle el profesional en esta materia mejor son los resultados en salud y calidad de vida de la población.
